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domingo, 22 de julio de 2012

El (buen) ejemplo de Jorge Alarte


Los políticos nunca van al paro.

¿Para qué creen que se han creado, si no, esos puestos de asesores nombrados a dedo, de consejeros en empresas públicas, de miembros de organismos tan prescindibles como el Consell Valencià de Cultura, el Consell Jurídic Consultiu y muchos otros?

Para lo que sirven, en realidad, es para reacomodar a aquellos políticos que, castigados por las urnas —o por sus propios compañeros de partido—, se ven obligados a dejar el cargo a sus rivales.

Lo malo es que con la crisis a muchos de ellos se les ha acabado ya el momio de cobrar de las cajas de ahorro —aunque la mayoría de consejeros nombrados por los partidos reconozca que ni sabía leer un balance— y de bastantes empresas públicas que ellos mismos han conducido a la quiebra.

Al haber, pues, menos sitios donde recolocarse, la pelea por los puestos disponibles es ahora mucho mayor que antes.

Por eso tiene más mérito, si cabe, la actitud de Jorge Alarte, que ha dicho a sus conmilitones que cuando acabe esta legislatura buscará ganarse las alubias por su cuenta y riesgo.

Al parecer, se le había ofrecido un puesto de senador —cargándose para ello a José María Ángel— o ir de eurodiputado en las listas de las próximas elecciones. Semejante oferta refleja muy bien el nulo respeto que tienen los partidos por ambas cámaras legislativas, convertidas por ellos en agencias de colocación en lugar de ser foros genuinos de representación popular.

En vez de aceptar tan jugosa prejubilación, Alarte se ha liado la manta a la cabeza y está dispuesto a abrir un bufete de abogado y aprender a fajarse en el mundo real, al margen de la confortable y dorada burbuja protectora de la política.

Eso es justo todo lo contrario de lo que hace la mayoría de los políticos que, como la precoz y efímera ministra Bibiana Aído, se suelen instalar en el partido de turno desde los 16 ó 17 años para seguir medrando en él indefinidamente.

Aquí tenemos también el caso de su homóloga Leire Pajín, quien, si ha dejado momentáneamente la política, sólo ha sido para labrarse un currículum en instituciones como la Organización Panamericana de la Salud, con la que había conectado en su anterior cargo público.

Dadas las ventajas y la seguridad laboral ofrecidas por la política, se entiende la proliferación de profesionales de la cosa pública en nuestro país, aunque yo, a diferencia de otras personas, no cuestiono lo que éstos cobran: lo que sí pongo en cuestión, simplemente, es que muchos de ellos cobren, vistos los desmanes que con su torpeza son capaces de cometer.

Por cierto: circula profusamente por Internet un power point que dice que en España hay 445.568 políticos. Se trata de una enorme exageración. Los cargos públicos retribuidos son menos de 100.000. Aunque hubiese bastantes otros que cobraran de forma encubierta, la cifra quedaría muy lejos de la que se propaga por ahí. Claro que, siendo el número que fuere, probablemente la mayoría de ellos son perfectamente prescindibles.

         Volviendo al caso de Jorge Alarte, su actitud contrasta con la de su predecesor en el PSPV-PSOE, Joan Ignasi Pla, refugiado, como Paco Camps, en el Consell Jurídic Consultiu, y con la de la mayoría de políticos de uno y otro signo.

El día en que los políticos de este país se atrevan a pasar de la actividad pública a la privada y viceversa demostrarán ser personas capaces y conocedoras del mundo real. Justo, justo, lo contrario que ahora.    

sábado, 7 de julio de 2012

Cuando gane la izquierda...


Ante la eventualidad de una futura derrota electoral del PP, la izquierda valenciana comienza a efectuar tímidos gestos unitarios. El último: la presentación de un proyecto común para RTVV a cargo de Ximo Puig, Marga Sanz y Enric Morera.

La conclusión cae por su propio peso, de puro obvia: sin un acuerdo del resto de los partidos parlamentarios no hay alternativa al PP. Éste, pese al desgaste que muestran las encuestas y al descrédito producido por su larga lista de implicados en escándalos —hasta once diputados, desde Sonia Castedo hasta Vicente Rambla y desde Milagrosa Martínez hasta Hernández Mateo— podría seguir siendo, con todo, el partido más votado en la Comunidad.

Así que el tripartito más que una hipótesis es la única realidad posible, como argumentan en su lúcido libro El margen izquierdo los profesores Ximo Azagra y Joan Romero. Claro que el análisis de los pensadores socialistas profundiza más en los pasados errores de la izquierda que en el modelo político y económico que debería seguir la posible coalición de gobierno en caso de victoria electoral.

Ése es el principal problema de la oposición al PP: la ausencia de un proyecto alternativo al ofrecido hasta ahora por el Consell. Lo fácil es criticar a la Generalitat por su pasada política del ladrillo, de inversiones faraónicas y de impulsar grandes eventos, pero mucho más difícil es presentar un programa que ilusione a una ciudadanía cada vez más escéptica.

Por otra parte: ¿cómo articular un proyecto común de los tres partidos —PSPV-PSOE, EU y Compromís— si en el mayor de ellos subsisten profundas divisiones? La última la han protagonizado Toni Gaspar y José Manuel Orengo con su pelea por la portavocía socialista en la Diputación de Valencia.

No se trata sólo de disputas personales —a las que, por otra parte, tan aficionado es ese partido—, sino ideológicas. Uno y otro, alineados respectivamente con Jorge Alarte y Ximo Puig, representan dos concepciones de la socialdemocracia. Abierta al cambio la primera y más anclada en un valencianismo próximo a Compromís la segunda.

Por esa diversidad y hasta esa contradicción, tienen razón quienes aventuran un deambular errático a un eventual Consell de izquierdas. Aun así, ¿cuál podría ser la orientación general de ese gobierno tripartito?

No parece difícil trazar sus principales líneas de actuación: desarrollo del Estatut, de la lengua valenciana y demás señas de identidad regional, por una parte, y aumento de la intervención pública en los servicios, la economía productiva y hasta los sectores menos rentables de la actividad económica, por otra.

En román paladino, todo eso significa una marcha atrás en la privatización de empresas públicas —incluido el ERE de RTVV—, menos recortes y más déficit público, mantenimiento de la política de subvenciones y otra serie de medidas contrarias a la austeridad propiciada por la Unión Europea.

¿Es eso posible y hasta deseable? Lo ignoro, pero sí sé que es preciso ir hablando de ello. El mal precedente del tripartito catalán de José Montilla no parece preocupar a la izquierda valenciana, ilusionada ahora con François Hollande —el segundo político más valorado por los españoles, detrás tan sólo de Barak Obama—. Claro que también parece olvidar que algunas de las políticas del presidente francés son las mismas que llevó a cabo Lionel Jospin en 1997 con el resultado desastroso que se recuerda.   

     

 


domingo, 8 de abril de 2012

La corrupción nos importa un pito

Acaba de dimitir el presidente húngaro, Pal Schmitt, por haber plagiado su tesis doctoral. Hace unos meses dimitió el ministro de defensa alemán, barón de Gutenberg, por la misma causa.

Aquí, en cambio, el plagio debemos considerarlo simplemente como una más de las bellas artes. Lo han practicado, pública y notoriamente, desde la escritora Lucía Etxebarría al psicólogo Jorge Bucay, pasando por la presentadora televisiva Ana Rosa Quintana y muchos otros. Y ninguno de ellos ha visto perjudicada su exitosa carrera profesional por tan nimio motivo.

Ya ven qué distinto comportamiento el de unas sociedades y otras. Es más, desde el sinvergüenza Luis Roldán, hace ya treinta años, hasta hoy, docenas de políticos españoles se han inventado apabullantes y sonoras biografías sin que nadie les haya mandado a casa o, simplemente, se haya escandalizado por ello.

En el fondo, las mismas conductas que en países con otros códigos morales se reputan como delitos aquí nos las tomamos a cachondeo y hasta admiramos muchas veces a sus autores.

Por eso —y de verdad que lo siento—, se han equivocado muy mucho aquellos políticos que en España han hecho bandera de la lucha contra la corrupción. Su batacazo electoral ha sido clamoroso, tanto el del valenciano Jorge Alarte, centrado únicamente en su guerra contra el caso Gürtel, o el Javier Arenas denunciando un día sí y otro también los falsos EREs en Andalucía.

Y es que, nos guste o nos desagrade, aún somos un país de pícaros y trapisondistas, más parecido a la corte de los milagros de Valle-Inclán, que a una sociedad solidaria, equitativa y justa.

sábado, 7 de enero de 2012

La irrelevancia del PSPV-PSOE

Nunca un partido lo ha tenido tan a huevo para hacer una oposición fecunda como el PSPV-PSOE durante los últimos cuatro años de gobierno de Francisco Camps y, en cambio, ya lo ven: ha obtenido, en las elecciones autonómicas y en las generales los peores resultados de su historia.


De nada vale, por otra parte, echar la culpa de ese descalabro al descrédito de la política seguida en España por Rodríguez Zapatero, ya que el fracaso socialista en la Comunidad ha sido más acentuado que en el conjunto del país.

Eso, a pesar de la trama Gürtel, del caso Brugal, de los procesos contra Carlos Fabra, de la quiebra de la Ciudad de la Luz, de los sobrecostes del Palau dels Arts, del fiasco del aeropuerto de Castellón y del hundimiento generalizado de nuestra economía.

¿Qué rentabilidad política —y sobre todo, qué beneficios para los ciudadanos— se ha obtenido de la monótona cantinela de Ángel Luna, portavoz socialista en Les Corts? Sorprendentemente, ninguna.

Éste es el mayor ejemplo de la irrelevancia política actual del PSPV-PSOE cuando, precisamente, la Comunidad necesita más que nunca un partido opositor que ilumine a los ciudadanos sobre un camino alternativo a seguir.

No parece, por consiguiente, que ese partido pueda ser el mismo que durante el ya lejanísimo gobierno autonómico de Joan Lerma alcanzó su máximo esplendor. Ahora, por el contrario, se ha “convertido en una UTE de intereses orgánicos puntuales”, según afirmaba en un reciente y durísimo artículo la dirigente socialista oriolana Antonia Moreno. En consecuencia, la articulista pedía a Jorge Alarte y a Leire Pajín que no decepcionasen a los militantes y que, simplemente, se fuesen a casa.

¿Tan sencilla es la solución?

Me temo que no, ya que las voces que se aprestan a tomar el relevo dentro del partido no ofrecen, paradójicamente, una imagen de modernidad.


El candidato Manuel Mata propugna una política más a la izquierda que la actual, mientras que el otro aspirante, Francesc Romeu, presenta el currículum del típico profesional orgánico del partido cuando lo que se precisa es justamente lo contrario: una renovación de ideas y de conceptos y el acercamiento del PSPV-PSOE a la realidad social, desprendiéndose incluso de unas siglas anticuadas y equívocas que evocan un sumiso pancatalanismo y el anclaje en tiempos de la transición política del franquismo.

Sin esa evolución —que intentó realizar, sin éxito, Jorge Alarte antes de quedar preso en las perennes intrigas de su partido—, el socialismo autóctono está perdido.

En la época de Joan Ignasi Pla al frente del PSPV-PSOE, éste aún era el referente que pretendía encabezar un sedicente frente de progreso para así arrebatar el poder al PP.

Ahora, ni eso.

Ahora ha vuelto a levantar cabeza EU, bajo la dirección de Marga Sanz y con la política antisocialista de Cayo Lara en Madrid. Ahora gana enteros cada día el renovado Compromís de Enric Morera y Mónica Oltra. Y ahora hasta ha aparecido en el escenario político regional UPyD, que con Toni Cantó ha obtenido un diputado nacional y que podría entrar en Les Corts Valencianes en las próximas elecciones autonómicas.

Así que, o espabila pronto el PSPV —con o sin Jorge Alarte al frente—, cambiando su programa y adaptándolo a las necesidades reales de los ciudadanos, o, como decían en mi pueblo, se quedará para vestir santos, acentuando así su insoportable levedad actual.

sábado, 29 de octubre de 2011

Los terceros partidos

Hace un par de semanas estuvo mitineando en Valencia la presidenta de UPyD, Rosa Díez, sin que los distintos medios de comunicación anunciasen el evento.

Así no hay manera de que los pequeños partidos salgan del ostracismo político. Máxime, cuando en las anteriores elecciones generales fueron precisos 78.000 votos para obtener un diputado nacional por la circunscripción de Valencia.

Es éste el esquema que aquí y en toda España propicia el bipartidismo imperfecto, es decir, el reparto de poder entre PP y PSOE matizado en las llamadas comunidades históricas por el peso desproporcionado de los partidos nacionalistas.

¿Qué perspectivas tienen, por consiguiente, los considerados como terceros partidos en nuestra Comunidad?

Su previsible crecimiento, a tenor de las encuestas, sólo será posible a costa de un PSOE tan desprestigiado por el errático rumbo político de Rodríguez Zapatero que hasta los artistas de la ceja han abandonado la candidatura de Pérez Rubalcaba por la del comunista Gaspar Llamazares. A escala de la Comunidad, ésa es la posibilidad de que aumente sensiblemente el número de votos de la lista que encabeza Ricardo Sixto, aunque no el de escaños.

El gran beneficiado de un descalabro socialista sería sin duda Compromís, esa inteligente mixtura de nacionalismo, izquierdismo y ecologismo fraguada por el hábil líder del Bloc, Enric Morera. Si no a más —que es posible que sí—, al menos llevará a Las Cortes al ex alcalde de Sueca, Joan Baldobí.

Pero el fenómeno del Bloc y de Compromís merece punto y aparte.

Desaparecidos los vestigios del otrora poderoso regionalismo de la Unio Valenciana de González Lizondo, todo el espacio del valencianismo político lo ocupa ahora el Bloc, estructurado cada vez más al modo y manera de su homónimo gallego, el cual en la época de Anxo Quintana llegó al Gobierno de aquella región y casi arrebató a los socialistas la hegemonía de la izquierda.

Aquí, aparte de reforzar ese flanco merced a las batalladoras diputadas autonómicas de Iniciativa del Poble Valencià Mónica Oltra y Mireia Mollà, abarca mucho más espacio político. Según el analista electoral Jorge Feo —uno de los asesores políticos más brillantes de nuestro entorno—, “Compromís ha logrado capitalizar en nuestra Comunidad el descontento ciudadano del 15-M que en otros sitios beneficia a Izquierda Unida y a UPyD, razón por la que el partido de Rosa Díez apenas si tiene posibilidades entre nosotros”.

Habría que añadir a ese handicap el ya indicado de la escasa visibilidad mediática de UPyD. Salvo El Mundo y Televisión Popular del Mediterráneo, casi nadie se hace eco de sus mensajes.

En su favor tiene la elección del conocido actor Toni Cantó como cabeza de cartel por Valencia. El aspirante a diputado lidió esta semana con fortuna, por cierto, en el programa de Xavier Carrau, La Tertulia, en Canal Nou, ahora que hay más pluralismo en la televisión pública tras el relevo en el Palau de la Generalitat de Paco Camps por Alberto Fabra.

Aun así, insisto, las posibilidades del candidato de UPyD son escasas.

Harían mal, sin embargo Jorge Alarte y el PSPV-PSOE en creer que su único rival electoral es el PP. Si se descuida, entre la bajada de votos propios y la probable ascensión de los terceros partidos, corre el riesgo de no ser ya en un futuro la alternativa política en la Comunidad, sino de depender de otros —como el Bloc— que pueden acabar por quedarse a la vez con el santo y la limosna.

viernes, 25 de marzo de 2011

Candidatos y partidos

Aún no se le ha pasado el susto al PP de que Gema Amor pueda presentarse para alcaldesa de Benidorm al margen de su partido. Sin mencionarla expresamente, González Pons ha venido a decir que la suya sería una pataleta semejante a la protagonizada en Asturias por Álvarez Cascos.

Puede.

Pero los comicios municipales y autonómicos tienen un componente personal que va más allá de las siglas políticas, por mucho que el partido de Mariano Rajoy intente convertirlos en un plebiscito general contra Rodríguez Zapatero y contra el PSOE.

Así se explica que por razones varias —entre ellas, y no la menor, por ajustes de cuentas individuales— surjan candidaturas producidas por escisiones en los partidos tradicionales. Eso le ha pasado al PP, por ejemplo, en Calpe, Torrevieja o la Vila.

En sentido contrario, los grandes partidos también han tenido que apechar con candidatos tránsfugas, so pena de perder si no la alcaldía respectiva. En la citada Benidorm, es lo que le ha ocurrido a Jorge Alarte, quien después de haber despotricado muy mucho contra Agustín Navarro, situado fuera ya del PSPV-PSOE, lo ha ratificado finalmente como cabeza de lista electoral de su partido.

Que conste que no me parece mal esa pérdida de poder de las todopoderosas maquinarias partidistas. A mí, como a muchos ciudadanos, cada vez me cuesta más votar a cualquier sigla política en abstracto y menos a personas concretas y reconocibles con las que me siento identificado.

Siguiendo con este striptease político personal, y ustedes perdonen, reconozco mi admiración y mi afecto hacia mi alcaldesa, Rita Barberá, pero también hacia el candidato de Esquerra Unida, Amadeu Sanchis, merecedores cualquiera de ellos de mi próximo voto.

Qué quieren que les diga: así son las cosas del querer. Y no les cuento de la otra ciudad, además de Valencia, que ocupa en la actualidad parte de mi vida: Salamanca. Cuanto más pequeña es la población —en este caso hablamos de 160.000 habitantes—, más nos conocemos todos y, si estuviese empadronado en ella, más me costaría a mí tener que optar entre dos amigos y buenos gestores públicos: el político del PP Fernández Mañueco y el profesor Enrique Cabero, candidato independiente del PSOE.

Me permito contar estas intimidades como un síntoma más de la creciente desafección ciudadana hacia los partidos tradicionales, la cual puede ser comprobada por cualquiera en conversaciones de la calle, intervenciones públicas en programas de radio y televisión, escritos y comentarios en redes sociales, etcétera, etcétera.

Cada vez se producen más opiniones en favor de las listas abiertas de candidatos, de modificar el tamaño de los distritos electorales o de ir hacia un sistema mayoritario que acerque más los representantes públicos a sus representados.

De no hacerse algo en un sentido u otro, se corre el riesgo de que cada vez haya más abstención electoral, que aumente el voto en blanco o que, como comienzan a sugerir últimamente algunos blogs, se participe con el voto roto, sí, literalmente hecho pedazos, para mostrar de esa manera el desconcierto y el descontento de los ciudadanos.



martes, 18 de enero de 2011

Alarte en el Triángulo de las Bermudas

Un amigo socialista, alto cargo cuando Lerma era presidente de la Generalitat, me aborda en la calle y, en vez de increparme como de costumbre por mis críticas hacia su partido, me obsequia una sonrisa cómplice: “¿Has visto que el PSPV-PSOE pretende convertirse en un grupúsculo extraparlamentario?”

¡Cáspita!, me digo, si ahora hasta sus propios militantes se permiten cachondearse del partido es que éste va directo hacia el abismo.

De momento, su secretario general, Jorge Alarte, trata de pilotar la nave socialista en medio de su particular Triángulo de las Bermudas, que como todo el mundo sabe es esa zona en la que acaban por desaparecer para siempre barcos y aviones con toda su tripulación.

Los vértices del funesto triángulo se llaman, en este caso: PSPV, PSOE y socialismo.

El primer escollo es ese mal endémico del cainismo enquistado en un partido escindido en familias y en facciones. Si el anterior secretario general, Joan Ignasi Pla, pasó todo su mandato intentando poner orden en el gallinero interno, parecía que ahora, por fin, tocaba recoger los frutos. ¡Quiá! Dado que se prevé que haya menos puestos a repartir tras las próximas elecciones, cada uno va a la suya y solo el esperpéntico enfrentamiento masivo de todo aparato del partido con el solitario pero correoso Antoni Asunción ha conseguido ocultar temporalmente ese desaguisado para evidenciar otro aun mucho mayor.

Por otra parte, las siglas del PSOE, que hasta ahora habían sido el reclamo para conseguir un buen puñado de votos, se han transformado en el segundo vértice del funesto triángulo por culpa de la errática gestión de la crisis económica llevada a cabo por Rodríguez Zapatero y por su desdén hacia los problemas valencianos.

Tan nefasto se ha convertido el inquilino de La Moncloa para su partido, que ahora todos los candidatos socialistas abominan de él. Los sondeos de opinión, además, ofrecen pocas dudas al respecto y solo las comunidades de Extremadura, Aragón y Baleares —estas don últimas merced a coaliciones inestables— podrían seguir en manos del PSOE después del 22 de mayo. Mientras tanto, los rifirrafes internos arrecian por todas partes, con peleas tan grotescas como las de Jordi Hereu aferrándose a la candidatura para alcalde de Barcelona.

¿Y qué decir, por fin. de la ideología socialista?

Sorprendentemente, los socialistas sólo se dieron cuenta de la crisis económica cuando ésta ya les llegaba a la cintura. Y en vez de remangarse para salvar los muebles, se pusieron inicialmente a despotricar contra el mercado, como si éste lo compusieran unos siniestros individuos maquinando en un cuarto oscuro, en vez de deberse sus decisiones a la legítima actividad de inversores y de ahorradores, de fondos de pensiones en búsqueda de rentabilidad y de Gobiernos necesitados de financiación. Así, pues, el socialismo no sólo no ha emergido de la crisis como un San Jorge frente al dragón de la especulación, sino que se ha mostrado huérfano de argumentos ideológicos con los que combatirlo.

Claro que Alarte, pobre, no es responsable de todo esto. Pero la extendida impresión de que los socialistas no son capaces de solucionar la crisis aporta el tercer y definitivo clavo al ataúd de sus aspiraciones políticas.

Con todo lo que está cayendo, ¿será capaz Jorge Alarte de conseguir un resultado electoral más decoroso que sus homólogos de otras comunidades? No parece que ello vaya a ser así. En cualquier caso, ya se oye el afilar de cuchillos dentro del partido con los que pelear el día después de las elecciones por el magro botín de votos obtenido.

viernes, 31 de diciembre de 2010

La invisibilidad de Jorge Alarte

Por si aún no lo conocen, Jorge Alarte es aquel señor arrebujado con una bufanda que figuraba en un segundo plano en las fotos de la llegada oficial del AVE a Valencia.

Él mismo se queja de ser invisible por culpa del sistemático boicot que padece en Canal Nou. No le falta razón, ya que la televisión autonómica en época de Pedro García, y más aun con López Jaraba, se ha convertido en un instrumento de propaganda del partido de Francisco Camps. Claro que la misma obsecuencia con el respectivo poder regional lo practican todas las televisiones autonómicas aunque, eso sí, con menos desenfado que la valenciana.

Para contrarrestar esa invisibilidad manifiesta —en una reciente encuesta solo uno de cada cinco ciudadanos de la Comunidad afirma saber quién es—, Alarte ha utilizado todos los medios posibles: aparición en otros medios públicos, como en Los desayunos de TVE que presenta Ana Pastor, anuncios en los autobuses urbanos con su imagen ligada al AVE, creación de la página web www.alarte.org, más folletos presumiendo del tren de alta velocidad como cosa suya, etcétera etcétera.

En la misma línea de búsqueda de notoriedad puede interpretarse la destitución de Ricardo Peralta como delegado del Gobierno en Valencia, una vez desaparecida su valedora, María Teresa Fernández de la Vega. Peralta, a diferencia de su inane predecesor, Antoni Bernabé, se había convertido en la imagen oficial de un PSOE fustigador incansable del Consell. Ahora, Alarte ya no tendrá quien le haga sombra, al haberse nombrado para el cargo a una discreta persona de su confianza, Ana Botella, cuyo mayor renombre proviene de su homonimia con la mujer de José María Aznar.

La razón principal del desconocimiento ciudadano de Jorge Alarte radica, sin embargo, en que tanto él como su antecesor en el cargo, Joan Ignasi Pla, han tenido que dedicarse a lidiar dentro del partido con las distintas familias y apaciguar en lo posible a las gentes de Joan Lerma y Ximo Puig, quienes no ostentan cargo pero sí mandan dentro del PSPV-PSOE. Por ello, y por no tener la condición de diputado, el secretario general socialista carece de la presencia en los medios de que dispone su portavoz parlamentario, Ángel Luna, aunque en este caso ya le viene bien que sea otro quien reciba los palos que le atiza el PP.

Por fas o por nefas, el espacio público del que dispone Alarte resulta muy limitado. En cuatro días, hasta el candidato socialista a la alcaldía de Valencia, Joan Calabuig, ha logrado más titulares que él al dar un revolcón a la política del partido sobre los derribos en El Cabanyal, las obras de Mestalla, el parque Ferrari…

¿Tendrá tiempo el líder del PSPV-PSOE para conseguir la notoriedad necesaria y, como él decía anteayer mismo, que los ciudadanos voten “no más Camps” el próximo 22 de mayo?

Resulta más que improbable, pese al resistente suelo electoral del PSOE, como reconoce el experto demoscópico Jorge Feo, ya que, entre otros males que aquejan al partido socialista, el descrédito de Rodríguez Zapatero es tan mayúsculo, que bastante mérito tendría Jorge Alarte si, Virgencita, Virgencita, se quedase como está.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Más fieles, pero menos competentes

La reflexión no es mía, sino del socialista Joaquín Leguina: la mayor cualidad que exigen los líderes políticos a sus parlamentarios es la obediencia, mucho antes que la competencia. Con otras palabras ha venido a ratificarlo el presidente del Congreso, José Bono: para figurar en las listas –ha dicho– resulta “más eficaz ser amigo de Soraya Sáenz de Santamaría o de José Blanco” que de los ciudadanos a los que tienen que representar.

En esa tesitura de confeccionar las listas electorales autonómicas andan metidos ahora los partidos políticos de nuestra Comunidad.

Las de algunos, como el Bloc, pueden resultar irrelevantes si, como anticipan las encuestas, queda fuera de Las Corts. “El radicalismo de Mónica Oltra y Mireia Mollá, las figuras más visibles del Compromís en esta legislatura –me explica un analista–, ha perjudicado enormemente al nacionalismo más moderado de Enric Morera”.

Lo importante es lo que pueda pasar en el PP y el PSPV-PSOE, los dos grandes partidos de la Comunidad. En el primero, lo holgado de su representación, permitirá que Francisco Camps premie la fidelidad de un grupo al que Rafael Blasco ha controlado con mano de hierro y que, según su portavoz, ha demostrado tener “una gran agenda de actuaciones” y ha elaborado “muchas iniciativas” parlamentarias.

Aun así, habrá margen para nuevas incorporaciones, no sólo por el mayor número de escaños que le vaticinan los sondeos electorales, sino por la desaparición de algunos desafectos, como Gema Amor –“alguien que ni siquiera aplaude a su presidente”, como le reprocha una compañera de bancada– o el imprudente Vicente Parra, y del amortizado Luis Díez Alperi, quien sería sustituido por la actual alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo. También dejarían un hueco en Las Corts Salvador Cortés y Rafael Ferraro, por el único delito de tener 66 años el primero y 68 el segundo.

Estas bajas harían sitio, probablemente, para algunos consellers que cesarían y que según las quinielas serían Trini Miró, Belén Juste y Mario Flores. Como se puede apreciar con todo esto, no se trata de elegir a los mejores, sino de rehacer las listas según fidelidades y afinidades con el líder del partido.

Tal estrategia aún resulta más evidente en el caso del PSPV-PSOE, donde las malas previsiones electorales reducirían su margen de maniobra.

El secretario general del partido, Jorge Alarte, se encuentra ante el dilema de colocar en Las Corts a personas afines, como Carmen Martínez, y a él mismo, y “no dejar a nadie en la estacada”, como ha anunciado en público y en privado. Semejante cuadratura del círculo resulta complicada, pues, a pesar del hermetismo con que maneja el asunto –“este es uno de los secretos mejor guardados del partido”, me dicen en el entorno de Alarte–, se sabe que piensa mantener a gente de su cuerda, como Ángel Luna, Francisco Signes, Carmen Ninet, Clara Tirado y Marisa Lloret. Por otra parte, es rehén de los pactos con Joan Lerma y Ximo Puig, por lo que al final sólo quedarían fuera del hemiciclo “quienes no hagan los deberes”, así como el anterior secretario general, Joan Ignasi Pla, para quien se busca un puesto en el Consell Consultiú, imposible a fecha de hoy por la oposición del PP a todo tipo de acuerdo.

Como se aprecia en este somero repaso, al que seguirán otros análisis más precisos sobre la idoneidad o no de los candidatos, en el momento de confeccionarse las listas de diputados prima con claridad la conveniencia partidista sobre los intereses generales de los ciudadanos.

martes, 19 de octubre de 2010

Los planes de Jorge Alarte

Dice el refrán que quien no se consuela es porque no quiere. Algo de eso le sucede al líder socialista, Jorge Alarte, ante las encuestas que pronostican una severa derrota del PSPV-PSOE en las próximas elecciones autonómicas. Su lenitivo es que sólo un uno por ciento más de valencianos (40%) prefiere como presidente de la Generalitat a Francisco Camps que a él (39%).


Magro consuelo para alguien quien, a sus 37 años —los cumple el próximo martes, día 19—, aún no ha perdido ninguna elección, ni a la alcaldía de Alaquàs ni a la secretaría general de su partido.


Por esa adversidad constante de los sondeos, por su falta de presencia en Les Corts —Joan Ignasi Pla no le incluyó deliberadamente en las listas de diputados autonómicos en 2007— y por resultar aún un perfecto desconocido —sólo sabe quién es el 22% de los electores—, tuvo muy claro desde su elección como secretario general del PSPV-PSOE hace dos años que su horizonte eran las elecciones autonómicas de 2015.


Y es que la política —que se lo pregunten a Mariano Rajoy— es un proceso lento y sostenido, cuyos frutos se obtienen a medio plazo.


En este caminar concienzudo, sosegado y perseverante —durante el que aprovechó para poner orden en su díscolo partido, que falta hacía— se cruzó de improviso en su camino el caso Gürtel, que salpicó al PP con su presidente al frente, y le hizo precipitarse en su estrategia. Craso error: todas las diatribas que desde entonces, semana tras semana, lanza el portavoz socialista, Ángel Luna, desde la tribuna de Les Corts rebotan en una opinión pública anestesiada ante los escándalos.


Si elegir este monotema de oposición es un fallo atribuible al líder del PSPV, peor ha sido la zancadilla ajena, la causada por el derrumbe de la credibilidad de Rodríguez Zapatero quien, al decir de alguno de sus próximos, “últimamente, cada vez que abre la boca mete la pata”.


Por eso, cuando el pasado mes de mayo Jorge Alarte se las prometía muy felices —el día 11 presentó un ambicioso plan para regenerar la economía valenciana y el día 12 el Tribunal Supremo mandó reabrir el caso de los trajes de Camps—, resulta que el día 13 Zapatero presentó una brutal panoplia de recortes a funcionarios, pensionistas e inversiones públicas. La debacle.


A partir de entonces, lo mejor que se les ocurre a muchos barones socialistas, con el manchego José María Barreda al frente, es distanciarse lo más posible del desprestigiado ZP.


En eso está, más por convicción que por conveniencia, Jorge Alarte, con un programa valencianista propio, reivindicativo ante el Gobierno central en temas de financiación, trasvase Tajo-Segura, Estatuto castellano-manchego,… que, al margen de su mayor o menor bondad, encuentra amplias dificultades de divulgación dada la sistemática hostilidad, cuando no el ominoso silenciamiento, de algunos medios de comunicación, con Canal Nou a la cabeza. Si eso se producía ya de manera sistemática en tiempos de Pedro García, con su sucesor, López Jaraba, esa política ha alcanzado niveles de virtuosismo.


Dados los deméritos propios y las trabas ajenas, incluido el aludido descrédito de Zapatero, parece descartada una victoria del PSPV el próximo mayo. Algo parecido le ocurrirá probablemente al PSOE en la mayoría de comunidades autónomas. Si los resultados del PSPV son peores que la media del socialismo en el resto de España, adiós al proyecto Alarte. Si, en cambio, quedasen por encima —contando, además, con los temas judiciales aún pendientes—, el asalto de Jorge Alarte al Palau de la Generalitat en 2015 no sería ninguna quimera.

lunes, 4 de octubre de 2010

O Benidorm o la credibilidad

Entre mantener la alcaldía de Benidorm o preservar una frágil credibilidad política, Jorge Alarte lo tiene muy claro: más vale tener alcaldía en mano, que lo otro Dios proveerá.

Hace 13 meses, cuando su correligionario Agustín Navarro estaba a punto de birlarle el cargo al popular Manuel Pérez Fenoll, Alarte proclamó: “Si alguien en el PSOE vota una moción de censura con un tránsfuga, deja de ser miembro del PSOE”. Dicho y hecho: Navarro y 11 concejales más, incluida Maite Iraola, madre de Leire Pajín, hubieron de darse formalmente de baja del partido, aunque continuaron denominándose Grupo socialista. Más claro, agua.

Lo bueno del caso es que “sin Agustín como cabeza de lista, los socialistas no tienen nada que hacer en Benidorm”, me dicen fuentes bien informadas de La Marina Baixa.

Por eso, en una maniobra que se veía venir de lejos, la ejecutiva local del PSOE ha propuesto a Navarro como candidato a alcalde como independiente, con lo que, a falta de otros aspirantes socialistas, de poco vale que Manuel Chaves intente salvar la cara del partido en Madrid: “No estoy de acuerdo, como presidente del PSOE, con la decisión que han tomado en Benidorm”.

Alarte, en cambio, se traga sus palabras de antaño y muestra hoy día su “respeto y comprensión a la propuesta hecha por la ejecutiva local”.

Ya ven qué poco duran las convicciones.

Sobre todo, ahora, en que la vida municipal de Benidorm está más revuelta que nunca y que el PSOE para ser el partido más votado de la localidad podría no necesitar ya apoyarse en José Bañuls, el tránsfuga del PP que le dio la alcaldía. Bañuls podría crear entonces su propia formación, lo mismo que ha hecho el ex alcalde Manuel Catalán Chana y que tiene ahora más posibilidades que en las anteriores elecciones. Como dice un experto en la política benidormí, “tras años de bipartidismo, esto puede acabar en una sopa de letras como la de Denia y otras”.

En esa eventualidad y en el mayúsculo lío interno que a nivel local vive el Partido Popular se apoya ahora Alarte, quien cree que sus rivales están cociendo su propio escándalo que contribuirá así a paliar las contradicciones del PSOE.

Las claves son muy simples: el PP local quiere como candidata a Gema Amor y, en cambio, el entorno del presidente Camps, con Antonio Clemente a la cabeza, no puede ni verla por su zaplanismo militante: “El alcalde elegido democráticamente y luego desposeído por la moción de censura fue Pérez Fenoll y él debe encabezar nuestra lista”, reitera el secretario general del PP.

“Pues en Valencia se equivocan de medio a medio —opina en cambio un cualificado ciudadano de Benidorm—, ya que sin Gema el Partido Popular no tiene nada que hacer ante Agustín Navarro, quien ha hecho una gestión populista, muy próxima a la gente”. Consciente de ello y de su propia fortaleza, Gema Amor estaría dispuesta a integrar a la gente de Pérez Fenoll en una candidatura en la que el ex alcalde iría de número dos. “Ni de coña”, responden en el otro lado del partido.

Ya ven que el cisco es considerable: de una parte, el PSOE decidido a hipotecar su credibilidad política a cambio de una alcaldía. De otra, el campsismo dispuesto a perder las elecciones antes de que las gane el sector de José Joaquín Ripoll, con quien ya se midió —y perdió— Pérez Fenoll en su pugna por la Diputación de Alicante.

Con este guirigay, no es extraño el comentario de un vecino: “La culpa no es de los tránsfugas, como dicen, sino de tanta marrullería de la que ya estamos hasta el gorro”.

miércoles, 9 de junio de 2010

La soledad de Paco Camps... y la maldición del PSPV

La soledad de Paco Camps...
Ningún cargo, asesor, consejero o amigo de Paco Camps había previsto la que le venía encima al President. Y es que la obsecuencia y el halago de los mediocres son incapaces de un análisis preventivamente lógico y eficaz. Ahora, tras meses de asegurarle que “aquí no pasa nada”, empiezan poco a poco a hacer mutis por el foro.
Sólo la capacidad del incombustible portavoz parlamentario, Rafael Blasco, consigue que los diputados voten en bloque y con disciplina, aunque por los pasillos deambulen luego como esos zombis de las películas de terror, que ya están muertos aunque ellos lo ignoren.
Ésa es la terrible soledad de un líder rodeado de una masa de incompetentes. Hace aún pocas semanas, el President hubiese podido, en un golpe de audacia, autopostularse como candidato a la reelección y poner a Mariano Rajoy ante un hecho consumado e irreversible. Ahora, en cambio, como una marioneta mecánica espera que desde la dirección nacional del PP dejen de darle cuerda para entonces, y sólo entonces, dejar de funcionar.

...y la maldición del PSPV
En vez de dedicarse a los ciudadanos, el líder del PSPV-PSOE, Jorge Alarte, lleva 20 meses tratando de poner orden en el guirigay interno de su partido. Lo mismo le sucedió a su predecesor, Joan Ignasi Pla, y luego acabó estrellándose contra las urnas.
Es como una maldición bíblica: cualquier intento programático serio del partido sucumbe ante las banderías internas de lermistas, pajinistas y demás istas.
Nada de lo que hacen los socialistas valencianos trasciende a la opinión pública al haberse aferrado al monotema del caso Gürtel, olvidando otros intereses de los ciudadanos. Hasta el programa económico de Alarte se presentó casi en la clandestinidad, mientras toda la atención pública se proyectaba en Ángel Luna, azote parlamentario de Paco Camps.
Ya es desgracia, ya, la del PSPV. En tanto que su líder sigue siendo un gran desconocido, la imagen socialista en la Comunidad la monopoliza Rodríguez Zapatero. Y en los tiempos que corren ésa, precisamente, es la peor imagen posible.

jueves, 13 de mayo de 2010

¿Es imprescindible Paco Camps?

Hoy por hoy, el PP parece electoralmente imbatible en la Comunidad Valenciana. Pero, ¿lo es más con Paco Camps como cabeza de lista o con cualquier otro?

No sé si esa pregunta demoscópica la plantean los analistas del partido en esos espectaculares sondeos en los que, según ellos, cada vez sacan más diputados a costa de la inanición del PSPV-PSOE de Jorge Alarte. En cualquier caso, nunca nos lo dicen. Pero si las siglas del PP son tan potentes en nuestra Comunidad desde la época de Eduardo Zaplana, que lo son, daría lo mismo que al frente de ellas se pusiese Calígula o su caballo, parafraseando así a la historia de la antigua Roma.

Nada de ello va en demérito de nuestro President, quien sólo hace año y medio, poco antes de que estallara el caso Gürtel, era la estrella ascendente del partido a nivel nacional y el bálsamo que curaba las heridas de un Mariano Rajoy cuestionado entonces dentro de su propia formación política. Hoy, en cambio, aunque se llegue a demostrar su falta de responsabilidad en los turbios asuntos de Álvaro Pérez, El Bigotes, muchos dirigentes del PP en Madrid, comenzando por su secretaria general, María Dolores de Cospedal, creen que Camps es más un problema que una solución a las aspiraciones del partido: y no ya en la Comunidad, sino fuera de ella, donde son otros líderes los que se juegan sus habichuelas políticas.

Un último ejemplo de debilidad lo ofrece su inoperancia para lograr una fusión entre las dos principales cajas valencianas y que, en cambio, sea el presidente del partido en Alicante, José Joaquín Ripoll, quien controle acercamiento de la CAM a Caja Murcia, en una primera instancia, y su ruptura cuando las condiciones de la fusión no le convencen. Como contraste, el rutilante barón en alza del partido, el gallego Núñez Feijóo, impone la integración de Caixanova y Caja Galicia contra la opinión del Banco de España y contra el criterio del propio PP, manifestado públicamente por su responsable de economía, Cristóbal Montoro.

Ante semejante evidencia, la pregunta inicial no es baladí: ¿tan imprescindible resulta Paco Camps? ¿Ninguno de los 124.000 militantes del partido en la Comunidad tiene suficiente categoría para poder reemplazarle?

Lo mismo debieron pensar los alemanes cuando la marcha de Adenauer y poco después llegó un carismático Willy Brandt quien, por cierto, dimitió en 1974 a causa del espionaje de su asistente Günter Guillaume, en lo que él no tenía responsabilidad alguna. Su ausencia la suplió con creces Helmut Schmidt, el canciller más apreciado de todos, y luego Helmut Köhl, quien pese a descubrirse la financiación ilegal de la CDU durante su mandato no perdió por ello un ápice de prestigio logrado por haber reunificado el país.

Y es que nadie resulta irreemplazable, a pesar del afán de algunos de aferrarse al cargo, como le sucede al presidente de la patronal, Díaz Ferrán, quien ya es cuestionado frontalmente hasta por José Manuel Lara.

Estas reflexiones a cuenta de la reapertura de la causa judicial contra Paco Camps por cohecho pasivo ni son inoportunas ni resultan frívolas. Si el presidente de todos los valencianos logra seguir siéndolo a tiempo completo, pese a sus avatares judiciales, miel sobre hojuelas; pero, si no es así, el no pensar en una posible alternativa devendría en un imperdonable suicidio político.