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lunes, 17 de enero de 2011

Me largo de Facebook

Estoy hasta las narices de Facebook. Así que lo dejo.
No lo hago como esos adolescentes que lo ven ya como un sitio lleno de vejestorios y por eso se pasan a otras redes sociales más cool. Es verdad que quienes más se entretienen hoy día contando todo el rato patochadas y revelando aspectos insólitos de su intimidad son los mayores de 50 años. Allá ellos.
En mi caso, me he sentido agobiado con peticiones de amistad de gente que desconozco; correspondencia indeseada y muchas veces indeseable; recomendaciones de terceras personas que, al no aceptarlas como amigas, me hacían quedar mal ante sus valedores... Han sido adosadas a mi perfil fotos de gentes con las que no comulgo; me han invitado a eventos que no me interesan; se ha pedido mi adhesión a páginas y a campañas cuyos objetivos no comparto; se han introducido en mi intimidad personas que aborrezco; me han hecho regalos virtuales que me sonrojan y, para colmo, he visto falsas encuestas presentadas por sedicentes amigos míos a otros opinando sobre presuntos hábitos de mi modesta persona... La repera.
Y todo eso con lo tranquilo que estaba yo sin meterme con nadie.
Ya sé que lo que me ha ocurrido a mí le sucede a todo el mundo. Peor para ellos. También hay quien publica en Facebook lo que piensa sobre su jefe, el nombre de la persona con la que ha engañado a su cónyuge o si planea atracar un banco. Yo, más modesto o más prudente que ellos, no he hecho nada de eso; pero saber que todo lo que se ha escrito en la red queda allí para siempre, sin que uno pueda nunca arrepentirse de ello, me parece tan monstruoso que no quiero seguir colaborando con semejante iniquidad.

domingo, 15 de agosto de 2010

"Memorias" de adolescentes

Nuestros ídolos deportivos, musicales, artísticos… no sobrepasan los veintitantos años. Algunos, incluso, parecen estar ya de vuelta de todo a edades bien tempranas: Paris Hilton a los 29, Amy Winehouse a los 26, Lady Gaga, a los 24…
¿Hay quién dé más? Pues sí. El cantante canadiense Justin Bieber, nuevo fenómeno musical de 16 años de edad, va a publicar sus Memorias el próximo mes de octubre. Pero, ¿de verdad alguien tiene una larga vida tras de sí para poder contarla con sólo 16 añitos?

Al parecer, hemos acelerado tanto el ritmo de la historia que el tiempo ya no se mide en décadas, como antes, sino en instantáneos bits de información que envejecen los acontecimientos a medida que se producen. Es más: tampoco valoramos los acontecimientos por sí mismos, sino por la expectativa que generan. Así, Barak Obama recibe el Premio Nobel de la Paz no por nada que haya hecho sino por lo que pueda llegar a hacer.
Antes, este tipo de galardones suponían el colofón a los méritos de toda una vida. Ahora, en cambio, al piloto Fernando Alonso se le da el Premio Príncipe de Asturias a los 24 años, cuando una persona todavía tiene toda la vida por delante.
Ya me dirán si no es una terrible paradoja que estas cosas sucedan cuando, gracias al alargamiento de la vida, hoy día aún existen personajes centenarios en plena lucidez creativa, como Manoel de Oliveira, Oscar Niemeyer o José Luis Sampedro.
Pero, claro, éstos sólo constituyen la excepción en una sociedad que prejubila a sus miembros con 50 años por considerarlos tan anacrónicos y prescindibles como aquellos desaparecidos dinosaurios de la Prehistoria.