Mostrando entradas con la etiqueta monarquía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta monarquía. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de enero de 2014

¿El último Rey?



Nunca la imagen del rey Juan Carlos I había estado tan deteriorada como ahora, según reflejan las últimas encuestas. Nunca el Monarca había perdido tanta credibilidad personal y política. Y nunca su actuación había sido tan cuestionada y controvertida como en la actualidad.
Este último aspecto resulta particularmente grave. Según nuestra Constitución, el papel institucional del Jefe del Estado es el de moderar la actividad política. Difícilmente podrá hacerlo si su propia persona es objeto de controversia y de confrontación por parte de los ciudadanos.
Querámoslo o no, así están las cosas.
Poco importan, a este respecto, los servicios que haya prestado al país hasta ahora el titular de la Corona, desde impulsar y facilitar en su día la transición política hasta convertirse en un magnífico embajador de nuestra democracia, pasando por la actuación decisiva que tuvo para abortar el golpe de Estado de Armada y Milans del Bosch. Pero en la vida, y más concretamente en la política, lo significativo no es el pasado, por relevante que haya sido, sino el presente. Y el del Rey no resulta en absoluto estimulante para sus compatriotas.
Por eso, el último y gran servicio que podría prestar a un país lleno de zozobras —desde económicas hasta institucionales— es abdicar en su hijo, Felipe de Borbón. Este aún conserva un potencial de credibilidad personal y política de la que ya carece su padre, según las encuestas anteriores.
Así, pues, la transición de uno a otro no sería tan traumática ahora como podría llegar a serlo más adelante. Pensemos que España ya tiene suficientes problemas para que se le añada —como con el paso del tiempo parece inevitable— el de que se cuestione la forma monárquica del Estado. Y eso es lo que, si Juan Carlos I prolonga su reinado, acabará por suceder.
Por ello, si el Monarca se aferra al cargo, podría darse la paradoja de que alargando su reinado contribuya a que sea él el último Rey de España.        

lunes, 26 de agosto de 2013

El tsunami ha empezado ya



Mariano Rajoy y Pérez Rubalcaba han levantado ya las toallas de su pacífico veraneo, sin saber que en lontananza, aún no visible, ha comenzado un tsunami que acabará con ellos y con toda la clase política surgida de la Transición Democrática.
La alegría suicida del jefe de Gobierno se debe al aumento del turismo y las exportaciones, producto de la debilidad de nuestra economía, y de una prima de riesgo que ronda los 260 puntos y que aleja el fantasma de una intervención de la Troika.
¿Pero se puede ser feliz, como presume el ministro De Guindos, con un paro del 27,1% de la población? ¿Con un descrédito absoluto de los políticos y de las instituciones que encarnan? ¿Con el expolio sistemático de las cuentas públicas por parte de Luis Bárcenas y, probablemente del propio PP? ¿Con el más que probable incumplimiento del déficit público de las Comunidades Autónomas, algunas de ellas en quiebra técnica, como la Comunidad Valenciana?
Ninguna de estas cuestiones pueden ser motivo de alegría para el PSOE, pringado él mismo, en iguales o peores casos de corrupción, dirigiendo Comunidades Autónomas que no funcionan, siendo más que responsable en la inestabilidad territorial de España con casos como el de Cataluña, etcétera, etcétera.
El tsunami que se avecina acabará con todos, enfrascados una vez más en echarse los trastos de la última Ley de Educación mientras que nuestros jóvenes no encuentran empleo. Y no decimos aquello tan manido de que “Dios les coja confesados”, porque no se han enterado. Como le sucede también a la Casa Real, donde la popularidad del Rey ha caído un 50%, frente al 62% del príncipe Felipe, mientras el rey Juan Carlos I se aferra a la Corona aun al precio de cargarse la Monarquía con la ayuda meritoria del inefable Iñaki Urdangarin.
Ellos solos se han buscado el desastre que les viene encima. Lo único que cabe esperar —y desear--  es que el pueblo español, harto de tanto político de pacotilla, tenga la entereza social, política y patriótica de alterar este estado de cosas sin llevarnos a un estadio peor que el actual.
                                                                      

lunes, 26 de diciembre de 2011

¿Delenda est Monarchia?

La Corona ha pasado en poco tiempo, de ser la institución más valorada por los españoles, a resultar una de las más cuestionadas.


Hace cuatro años, la monarquía parlamentaria era preferida por el 69% de los ciudadanos frente al 22% que optaban por la república. Esa tremenda diferencia ha quedado reducida hoy día a sólo 22 puntos. Y la tendencia continúa a la baja.


Es que el sentimiento monárquico, como el del amor, tiene que ejercitarse día a día; si no, obviamente, desaparece. En consonancia con ello, se atribuye a Don Juan Carlos esta frase dirigida al príncipe Felipe en 1981: “Yo ya he justificado mi puesto; tú aún deberás ganarte el tuyo”.

Se refería al decisivo papel del monarca en defensa de la democracia cuando el golpe de Tejero, Armada y Milans del Bosch. La actitud y el talante del rey en aquel y en otros trances explica lo que de él dijo el entonces presidente de Italia Sandro Pertini, socialista y antiguo resistente antifascista: “Es el monarca más parecido a un presidente de república que conozco”.


Al margen de otras consideraciones y de las preferencias políticas de cada cual, es innegable el papel moderador ejercido por la Corona en estos años y que ha servido para limar, en el interior y en el exterior, no pocas asperezas, incluida la deriva secesionista de algunas regiones.


Por eso, los enemigos de la institución no saben cómo agradecer a Iñaki Urdangarín el daño que la ha causado con sus trapisondas. Sólo un esclarecimiento total de su conducta, con posibles responsabilidades penales añadidas, puede frenar el que, si no, parece ya un irreversible deterioro de la Corona.