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jueves, 20 de febrero de 2014

Dinero en Suiza



El senador Francisco Granados ha admitido que tenía dinero en Suiza, aunque obtenido al margen de la política y antes de dedicarse a ella. Quizás sea así, pero yo no conozco personalmente a nadie que, como él, como Luis Bárcenas y como algunos otros, lleve sus presuntos ahorros a Zürich o Ginebra, en vez de guardarlos en el banco del barrio.
No hace mucho, el informático Hervé Falciani pirateó los archivos de la entidad financiera HSBC y descubrió que 659 españoles —entre ellos, el padre de Artur Mas y varios miembros de la familia de Emilio Botín—tenían depósitos ocultos en aquel banco suizo. Todo se saldó felizmente para ellos con el pago atrasado de su fraude a Hacienda y aquí paz y después gloria.
Como se ve, la gente de posibles, que se decía antes, esconde parte de su fortuna allende nuestras fronteras para sustraerlas al Fisco y que seamos quienes no tenemos un duro ni cuentas secretas suizas donde guardarlo, quienes paguemos los impuestos y mantengamos lo que queda del maltrecho estado de bienestar.
Y es que, a lo que se ve, nuestros ricos ni son solidarios ni les importa un comino nuestro país.
Un ejemplo reciente de este desinterés lo acaba de proporcionar el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, molesto, a lo que se ve, por la nueva regulación tarifaria de la electricidad, al afirmar que su compañía es ya más británica, americana o mexicana que española. En consecuencia, ha decidido no invertir más dinero aquí y seguir haciéndolo fuera.
Luego hablamos de los sacrificios que hay que hacer para salir de la crisis. Lo que está visto es que quienes tienen dinero en Suiza, al margen de que lo hayan ganado honradamente o no, prefieren que seamos los demás quienes nos sacrifiquemos. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Todos somos corruptos


Me acaban de preguntar por enésima vez, al hacer unas obras en casa, “¿con IVA o sin IVA?”. Ayer, al pedir el ticket de la consumición en un bar, me dijeron que la máquina registradora estaba estropeada. Otro día sí me lo dieron, pero sin que figurase en él el NIF.

Esa es la pequeña corrupción cotidiana en nuestro país, de la que todos somos culpables, porque ¿quién no ha copiado en los exámenes, pedido el enchufe para un familiar o sisado un poco en la declaración de renta?

Lo malo es que, al producirse la bonanza económica de finales de los 80 —cuando, según el ministro Carlos Solchaga, España era “el país donde se hace dinero más rápidamente”—, ya no se trató de pequeñas sustracciones sino de un latrocinio a lo grande, donde participaron hasta el gobernador del Banco de España y el director general de la Guardia Civil.

Desde entonces, los partidos políticos —todos— han rivalizado en ver quién robaba más para pagar así unos gastos que excedían con creces a sus ingresos. Al socaire, claro, han medrado todo tipo de sinvergüenzas, de Bárcenas y de Urdangarines, sin que nos quejásemos de ello porque en época de vacas gordas esas cosas parecían no importar a nadie.

Ahora, ante el colosal tamaño del fraude y de la penuria colectiva, la gente está que trina y no le va a pasar ya una a los políticos trincones.

Bienvenida sea esta inevitable regeneración pública que se avecina y que va a mandar a la jubilación o al paro a gran parte de los políticos. Pero, si no aprovechamos esta magnífica ocasión para cambiar nuestros hábitos de corruptelas cotidianas, los políticos de ahora serán sustituidos por otros que lamentablemente acabarán por hacer lo mismo que éstos. 

jueves, 5 de julio de 2012

Bankia, Sarkozy y otros


Aquí, políticos, banqueros y grandes empresarios suelen salirse de rositas tras cometer cualquier felonía. Si excepcionalmente resultan condenados, se hace prescribir sus delitos, como en el caso de Alberto Cortina y Alberto Alcocer, o se benefician de un indulto del Gobierno, como le sucedió a Alfredo Sáenz Abad.

En otros países, en cambio, puede acabar en la cárcel hasta el tato, por aquello de la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos.

Ahora está siendo investigado por presunta financiación ilegal de su partido el ex presidente francés, Nicolas Sarkozy. Justo lo contrario de lo que ocurre aquí, donde todos los partidos se han financiado irregularmente sin que ello les haya supuesto coste penal alguno.

El antecesor de Sarkozy, Jacques Chirac, ha tenido a su vez que sentarse en el banquillo por otro asunto igual de turbio. Y no digamos nada de aquella Administración corrupta de François Mitterrand, que le costó la cárcel, entre otros, a su ministro de Exteriores Roland Dumas.

No sé cuánto tiempo pasará antes de que en España veamos a un político, no ya en prisión, sino ante los tribunales. Otro tanto cabría decir de aquellos empresarios que han practicado impunemente sobornos, fraudes y otros delitos de mayor o menor cuantía. Mientras este tipo de personajes suele acabar entre rejas en los países anglosajones, aquí se jubilan con el riñón forrado y dando conferencias sobre la ética en el mundo de los negocios.

Aunque sólo fuera por eso, bienvenida sea la imputación de los directivos de Bankia. Claro que si se abre la veda a todos los financieros, políticos y demás incursos en posibles delitos, no habría en España suficientes tribunales donde juzgarlos.


domingo, 20 de mayo de 2012

¡Devolved la pasta!


El presidente gallego, Núñez Feijóo, tan responsable como el que más en el desastre de las cajas de ahorro, es el único que ha pedido que los directivos de éstas devuelvan sus indemnizaciones millonarias.

Pero no sólo ellos. Todos los ejecutivos y consejeros que se han llevado una pasta gansa mientras concedían créditos incobrables a sus amigos y de paso arruinaban a los ciudadanos deberían hacer lo mismo. Con efecto retroactivo. Hablamos de miles de millones.

Otro tanto cabe decir de los políticos corruptos, desde Jaume Matas al ex alcalde comunista Juan Sánchez, hayan sido imputados o estén aún por imputar, pertenezcan a un partido u otro. Y seguimos hablando de muchísimos millones.

Dinero mal habido, que se decía antaño, es también el de todos los golfos que han esquilmado las arcas públicas al socaire de su nombre, su cargo o sus amistades, desde Iñaki Urdangarín hasta Esteban Cuesta, gerente de la empresa depuradora de las aguas de Valencia.

Ya ven que nos referimos a un montón de gente. A la lista habría que añadir todos los asesores y demás cargos de confianza nombrados por los políticos y que ni saben hacer la o con un canuto ni mucho menos eran aptos para desempeñar los trabajos por los que cobraban.

Aquí tampoco acaba la lista de defraudadores. Aún hoy permanecen emboscados cientos y cientos de directivos de empresas públicas, consejeros consultivos, miembros de tribunales de cuentas, académicos oficiales de diversas autonomías,… que se llevan un pastón mientras gente de bien está en el paro.

Si todos ellos devolviesen lo indecentemente percibido en estos años se recuperarían decenas de miles de millones. Y merced a ellos, muchos de los recortes sociales anunciados ni siquiera serían precisos. 


sábado, 28 de agosto de 2010

Fraudes, frivolidad y ayuda humanitaria

Gran parte de la ingente ayuda internacional tras tragedias como el terremoto de Haití o las inundaciones de Pakistán jamás llega a su destino; incluso, la canalizada a través de las organizaciones más serias. Pude comprobarlo en 1993 en el campamento de la ONU en la localidad bosnia de Metkovic, donde vi pudrirse los enseres donados por la archidiócesis de Toledo. Como razonaba el ex presidente del Congreso, Manuel Marín, “el 40 por ciento de la ayuda actual al Tercer Mundo se queda por el camino”.

Eso, digo, sucede en la mejor de las hipótesis debido a la ineficacia, la corrupción y el desorden connaturales a la condición humana. Aparte, claro, están los casos de fraude: hace tres años vivimos en España la apropiación de fondos por los responsables de las ONG Anesvad e Intervida y, en Francia, el repugnante secuestro y tráfico de niños africanos por parte de El Arca de Zoé.

Ahora, tras la liberación de Roque Pascual y Albert Vilalta, se ha reabierto el debate sobre la frivolidad de muchas ONG probablemente prescindibles. ¿Para qué ha servido la aventura de los dos cooperantes sino para enriquecer y rearmar a los terroristas que los secuestraron?

Hay ya bastantes organismos oficiales y organizaciones humanitarias serias como para crear otras cuyo objetivo, en muchos casos, sólo es la pesca de subvenciones. Apoyemos, pues, a ya las existentes para que puedan superar sus deficiencias; y quienes buscan exóticas experiencias que se queden en el país ayudando a personas dependientes, colaborando en extinguir incendios forestales, dando clases a inmigrantes y otras mil acciones solidarias más.