La reforma laboral abaratará el despido. Seguro. No es tan evidente, en cambio, que sirva para reducir el paro, entre otras razones, por la anquilosada estructura del Inem, convertido en mero dispensador de subsidios de desempleo.
En más de cuarenta años de vida laboral, me he visto abocado al paro en tres ocasiones. Pues bien: en todas ellas logré un nuevo empleo por mí mismo; el Inem ni me hizo ofertas, ni evaluó mi competencia profesional, ni me ofreció cursos, ni intentó reciclarme ni nada de nada. Supongo que mi caso no es la excepción, sino la norma.
Pero es que en este país las cosas siempre han funcionado así. Y así nos va.
Lo importante no es la capacitación laboral o el mérito profesional, sino el amiguismo: tener una buena recomendación sale más a cuenta que estudiar una carrera o presentarse a una oposición.
Me lo hizo ver una pareja de emigrantes asturianos que regentaba un modestísimo bar en República Dominicana cuando yo me iniciaba en esto del periodismo: “Sólo tenemos una hija —me dijo la mujer—, pero está estudiando en Suiza”. Ante mi perplejidad, añadió: “A nosotros no nos queda dinero ni para comer, pero queremos que nuestra niña se relacione en un colegio caro y que tenga así compañeros que le den un buen trabajo el día de mañana”.
A eso se le llama visión de futuro.
Lo peor es que ese sistema se ha generalizado y ya causa estragos hasta en nuestra clase política. Como decía un personaje público catalán esta misma semana: “Ahora la gente obtiene los cargos políticos por enchufe, no hay más que ver el nivel de estudios de los consellers y de los ministros”.
Pues eso.
Mostrando entradas con la etiqueta amiguismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amiguismo. Mostrar todas las entradas
martes, 29 de junio de 2010
Cómo se consigue un empleo
Etiquetas:
amiguismo,
corrupción,
corrupción política,
empleo,
enchufe,
Inem,
paro,
recomendación,
reforma laboral,
trabajo
domingo, 25 de abril de 2010
De Baltasar Garzón a José Bono
Presumo la inocencia de Baltasar Garzón, como la de cualquier otro imputado no condenado por los tribunales.
Lo único que me perturba de los probables delitos de prevaricación es que siempre suele haber un Alfredo Pérez, El Bigotes, dispuesto a regalar un traje o un reloj para ver si él recibe en compensación alguna gabela. Por eso, también, sospecho de quien financia generosos cursos y conferencias como las de Garzón. Tampoco resultaron gratis los doctorados honoris causa recibidos hace años por el entonces banquero Mario Conde, quien paró de obtenerlos tras ingresar en la cárcel, aunque no dejase por ello de ser menos listo que el día anterior.
Y es que nos hemos acostumbrado a que los favores, el amiguismo o la connivencia sean el pan nuestro de cada día, trátese de una caja de ahorros que condona la deuda de un partido político afín, que renueva el préstamo impagado por un consejero como Díaz Ferrán, o que financia obras ruinosas impuestas por el presidente autonómico de turno.
No hace falta que ese tráfago de favores se materialice en el acto. El mero hecho de producirse viene a ser una especie de aviso o recordatorio: “Hoy por ti; mañana por mí”. Eso, aunque el recipiendario del favor sea más honesto que una virgen y nunca vaya a pagar con la misma moneda.
Es lo que ocurre con José Bono, cuya declaración de bienes es de una transparencia prístina. Ahora bien: que haya recibido 700.000 euros por unas memorias no escritas es algo que no les sucede, ni juntos, a Pérez Reverte, Juan Marsé y Antonio Gala.
Que semejante hecho pueda producirse sin que nadie se sonroje por ello da una correcta imagen de los parámetros morales en los que nos movemos.
Etiquetas:
amiguismo,
Bono,
corrupción,
El Bigotes,
Garzón,
Mario Conde,
memorias,
prevaricación
Suscribirse a:
Entradas (Atom)